Soy hipertenso diabético y además sufro de una neuropatía diabética que afecta con dolor a mis pies. Trato de consumir solo los medicamentos básicos para estas patologías, siempre conversado con mi excelente y socialmente comprometido cardiólogo.

Para mi presión elevada, en un comienzo, consumía Enalapril, pero este fármaco al cabo de un tiempo me produjo mucha carraspera. Mi cardiólogo me lo cambió por Valsartán 160 mg inicialmente. Como el innovador TAREG y varias otras alternativas existentes en Chile poseían precios muy elevados, importaba o compraba directamente el innovador TAREG que en algunos países posee también el nombre de DIOVAN. El precio promedio que pagaba sea en Argentina o en España era de alrededor de $12.000 por caja de 28 comprimidos.

En algún momento llegó a Chile el fármaco VALVITAE, procedente de Portugal, con un costo algo menor al que pagaba en el extranjero por lo cual, y obviamente además por sus buenos resultados terapéuticos, decidí seguir con VALVITAE.

Todo muy bien hasta aquel fatídico día cuando alguien en el mundo, aunque tengo una leve idea de quien fue, “descubrió” que una serie de Valsartan, y sus asociaciones fabricadas con el principio activo elaborado por una empresa farmacéutica de China, estaría contaminada con una partícula que eventualmente “podría ser cancerígena”.

En ese momento, las autoridades de salud, al parecer de casi todo el mundo, muy rápidamente por “precaución” ordenaron el retiro del mercado todos aquellos Valsartán elaborados con la materia prima farmacéutica china.  Chile adhirió a estas recomendaciones y se nos pidió retirarlo de nuestras farmacias.

Bien, pensé, como dueño de farmacia estoy obligado a respetar esta orden.  En nuestro país eran creo ocho laboratorios los que debían retirar sus fármacos y quedaban en el país dos laboratorios que, por haber elaborado sus Valsartán con un principio activo de procedencia diferente al  posiblemente cancerígeno”, no tenían motivo para retirar sus fármacos y tenían en sus manos un extraordinario negocio, pues sus precios eran muy menores al innovador TAREG que, a esas alturas, tenía en Chile un precio a público aproximado a los $38.000 los 28 comprimidos.

Es aquí cuando viene mi primera sorpresa al intentar comprar, para mis clientes en la farmacia, las alternativas a TAREG que quedaban en el mercado. Sus fabricantes o importadores nos señalan que “por precaución” retiran también sus Valsartán que poseían precios muy menores respecto al TAREG.

En fin, pensé, será complicado para otros cientos de miles de enfermos que en nuestro país se quedarán sin su tratamiento y tendrán problemas, porque entiendo que, para muchos, puede ser solo este antihipertensivo el que les actuase bien y sus recursos económicos no les permitiría adquirir TAREG o TAREG-D como asociación.

Como persona con libre albedrio decidí seguir consumiendo las cajas de Valvitae de 80 y 160 mg que tenía en Stock en mi farmacia, en tanto nadie me entregase más antecedentes creíbles sobre la hipotética posibilidad de tener en el futuro un cáncer producido por la partícula posiblemente “cancerígena” de la cual hasta hoy no recibo información respecto a su cuantificación y contenido por cada comprimido que consumo (y que esta cuantificación este sostenida con estudios).

Pero mis dudas se incrementaron mucho más cuando me entero que esta partícula “posiblemente cancerígena” no cuantificada en los Valsartán retirados del mercado por el mundo, está contenida en muchos productos alimenticios de uso más que común como son la CARNE y el QUESO y, personalmente, creo que el aire tan contaminado que a diario respiramos debe contener en cantidades muy superiores la citada partícula “posiblemente cancerígena”. Hasta el momento no observo a ninguna autoridad sanitaria del mundo prohibiendo el consumo de los alimentos y elementos que he señalado antes.

Puedo además, como anécdota, comentarles que al parecer en nuestro vecino país Argentina se continúan comercializando todos los Valsartán, bien porque ningún laboratorio a elaborado sus Valsartán con la partícula “posiblemente cancerígena” o bien porque su Ministerio de Salud ha privilegiado la salud actual de sus enfermos antes que un hipotético cáncer futuro sin pruebas científicas que demuestren el posible evento.

De ser esta última opción, estoy totalmente de acuerdo con esta sabia decisión de las autoridades de salud argentinas.

Finalmente, como en algún país aledaño de la comunidad europea, he localizado TAREG bajo su otra marca DIOVAN. Le solicitaré a mi buen cardiólogo la receta y lo importaré para mi tratamiento de un año y medio, pues en ese país el fármaco de Laboratorio Novartis posee un precio a público no superior a 8 euros ($6.200 aprox).

Estaré encantado de recibir comentarios.

Saludos
Daniel Zapata Z.

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