NO a la venta de medicamentos en supermercados.

El verdadero desafío es ampliar el acceso a los medicamentos sin disminuir las garantías sanitarias que protegen a la población. Su dispensación requiere trazabilidad, control, fiscalización y orientación profesional para un uso responsable — condiciones que la venta en supermercados no puede ofrecer. El riesgo es doble: más automedicación, y una exigencia de fiscalización que hoy el Estado no está en condiciones de cumplir.

1. Un medicamento no es un bien de consumo corriente. Es un bien sanitario

Un medicamento no puede ser tratado como un producto más del supermercado. Su dispensación requiere condiciones adecuadas de almacenamiento, control de vencimiento, trazabilidad y, cuando corresponde, la orientación de un químico farmacéutico capaz de advertir sobre interacciones, contraindicaciones y riesgos.

Estas exigencias no son arbitrarias. Forman parte del estándar sanitario establecido para farmacias y almacenes farmacéuticos por la regulación vigente, entre ella el Código Sanitario y el Reglamento de Farmacias, D.S. N°466.

Sacar el medicamento de ese circuito no es mejorar el acceso. Es sacarlo del sistema sanitario diseñado para proteger a las personas.

2. Cuando se pierde la trazabilidad, también se pierde seguridad

La trazabilidad permite saber qué medicamento se vendió, de dónde provino y quién fue responsable de su dispensación. Ante una reacción adversa, esa información es lo que permite actuar a tiempo: retirar un lote comprometido, alertar a los pacientes o establecer responsabilidades.

Fuera del canal farmacéutico regulado, esa trazabilidad, tal como la exige la normativa sanitaria, no está garantizada: no hay control de origen ni nadie que responda si el medicamento falla. Extender la venta de medicamentos a espacios que no son farmacias o almacenes farmacéuticos autorizados no es ampliar el acceso: es renunciar a la seguridad del paciente.

Con medicamentos, la trazabilidad no es un detalle administrativo. Es lo que garantiza que, si algo sale mal, alguien responda.

3. Facilitar la compra sin orientación puede fomentar la automedicación

Más disponibilidad comercial no significa necesariamente mejor acceso a la salud. En 2019, la Comisión de Salud de la Cámara de Diputados rechazó explícitamente la venta de medicamentos en supermercados con el objetivo de evitar la automedicación y sus efectos sobre la ciudadanía.

El medicamento no debe normalizarse como una compra cotidiana más. Su uso tiene consecuencias sanitarias y requiere responsabilidad.

  • La orientación profesional es clave para un uso seguro y efectivo.
  • Sin la guía adecuada, aumentan los riesgos de automedicación, interacciones y resistencia a los antibióticos.
  • Los medicamentos no son un producto más: impactan directamente en la salud de las personas.

Cuidar el uso responsable de los medicamentos es cuidar la salud de todos.

4. Vender medicamentos en supermercados no resuelve la falta de infraestructura sanitaria

El argumento central que ha usado el Ejecutivo para impulsar esta medida es mejorar el acceso y bajar precios en las zonas donde no existen farmacias. Es un objetivo legítimo, que AFFI Chile comparte. Pero la medida propuesta no lo logra.

Si una comuna o localidad carece de farmacia, el problema de fondo es precisamente la falta de infraestructura sanitaria en ese territorio. Autorizar la venta en un supermercado no instala esa infraestructura: solo traslada el producto a un lugar sin las condiciones ni el acompañamiento profesional que su dispensación requiere.

La respuesta debería ser llevar más puntos de dispensación regulados a esos territorios, con las condiciones necesarias para almacenar, controlar y dispensar medicamentos de manera segura.

El déficit de acceso geográfico se resuelve acercando la infraestructura sanitaria a las personas, no reemplazándola por un estante de supermercado.

5. Multiplicar los puntos de venta también exige multiplicar la capacidad de fiscalización

Existe además un problema práctico que no puede ignorarse: la capacidad del Estado para fiscalizar. Según antecedentes obtenidos mediante Ley de Transparencia y publicados por Interferencia en enero de 2026, la Región Metropolitana cuenta con solo diez fiscalizadores del Instituto de Salud Pública para controlar la venta irregular de medicamentos en farmacias ya establecidas.

Si el sistema enfrenta dificultades para fiscalizar los puntos actualmente regulados, incorporar una cantidad considerable de nuevos lugares de venta obliga a responder una pregunta básica:

¿Cómo se garantizará una fiscalización sanitaria efectiva de todos esos nuevos puntos de venta? Ampliar la comercialización sin ampliar proporcionalmente la capacidad de control puede aumentar exponencialmente los riesgos para la población.

6. Chile ya cuenta con mecanismos legales para ampliar el acceso sin llevar los medicamentos al supermercado

No es necesario elegir entre acceso y seguridad sanitaria. El propio Reglamento de Farmacias, D.S. N°466, contempla en su artículo 6° mecanismos para enfrentar la falta de acceso. En comunas donde no existen farmacias pueden autorizarse almacenes farmacéuticos o farmacias móviles itinerantes. La normativa también contempla situaciones excepcionales en sectores donde, aun existiendo farmacias, las condiciones geográficas o de transporte dificultan el acceso.

A ello se suman las farmacias comunales, presentes en más de 150 comunas, y mecanismos como la Ley Cenabast, que han permitido a farmacias independientes acceder a medicamentos a precios competitivos y mejorar sus posibilidades de instalarse y mantenerse en distintos territorios.

Las herramientas existen. El desafío es fortalecerlas y extenderlas hacia los lugares donde todavía hacen falta.

7. Las farmacias independientes ya están llegando a barrios donde otros no llegan

Las farmacias independientes son parte concreta de la solución al problema del acceso. Muchas se han instalado en barrios y localidades donde anteriormente no existían farmacias y donde las grandes cadenas no llegan por razones de distancia, seguridad o volumen de mercado.

Como señala Héctor Rojas, presidente de AFFI Chile:

“Las farmacias independientes llegamos a barrios donde antes no había ninguna farmacia. Muchas veces con el propio químico farmacéutico como dueño, atendiendo a su gente y combinando precio competitivo con cercanía. Parte de esto lo permitió la Ley Cenabast, que nos dio una posibilidad real de competir con precios al alcance de las personas.

Seguimos abriendo más farmacias pyme en esos barrios donde las grandes cadenas no se instalan, por factores de seguridad, lejanía o volumen, asumiendo los costos que eso implica y ciñéndonos a las altas exigencias sanitarias que conlleva ser un centro de salud. Damos trabajo a miles de chilenos y permitimos que más profesionales tengan su propia farmacia. Y ofrecemos algo que ningún algoritmo reemplaza: gente que conoce el medicamento que te vende, te orienta y te escucha. Eso es una farmacia independiente.”

Por eso, frente al desafío de mejorar el acceso a medicamentos, AFFI Chile propone fortalecer y ampliar una red sanitaria regulada, fiscalizable y cercana a las comunidades.

Más acceso, sí. Medicamentos en supermercados, no.

AFFI Chile está disponible para conversar con parlamentarios, autoridades de salud y medios de comunicación sobre cómo avanzar hacia un mayor acceso a medicamentos sin sacrificar la seguridad sanitaria de las personas.

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