La Ecofarmacovigilancia pone en el centro un abordaje postergado: el impacto de los medicamentos que desechamos como problema de salud pública. La ciencia ya entregó su veredicto. La regulación, todavía no.

El lanzamiento del Observatorio de Ecofarmacovigilancia de la USACH llega en un momento en que el país tiene pendiente traducir el diagnóstico científico en política pública. Su misión —investigar los impactos y efectos adversos de los residuos de medicamentos de uso humano, veterinario y agrícola en el medioambiente, bajo el enfoque Una Salud (OMS, OMSA, FAO, PNUMA)— apunta a generar la evidencia que esa política necesita. Y también el monitoreo sistemático que hoy no existe.

Las farmacias independientes dispensan medicamentos. También generan residuos, reciben devoluciones y están en contacto directo con quienes más los consumen. AFFI Chile lo sabe, y por eso estuvo presente en el lanzamiento de esta instancia que contó entre sus invitados con Héctor Rojas, su presidente. One Health, ASILFA y DIPOL del Ministerio de Salud debatieron junto a la academia y el sector farmacéutico los desafíos pendientes en Chile en esta materia. El evento fue técnico y propositivo. Los datos que lo enmarcan, sin embargo, son más incómodos.

Lo que la ciencia ya documentó en Chile

Un estudio realizado entre 2019 y 2020 y publicado en 2022, encabezado por el investigador John Wilkinson, de la Universidad de York de Inglaterra, y publicado en la revista Proceedings of the National Academy of Sciences (PNAS), analizó 258 ríos de 105 países. En Chile contó con la colaboración de las universidades de Santiago, Mayor y Andrés Bello. El afluente capitalino se posicionó en el número 47 de los más contaminados, siendo los principales desechos detectados la carbamazepina, la metformina y la cafeína. Restos de analgésicos, antibióticos, antidepresivos, antihistamínicos y betabloqueadores son algunos de los fármacos que circulan por sus aguas.

«Todos estos contaminantes no es que se estén monitorizando constantemente o que sean recogidos en una norma con las cantidades máximas permitidas en un curso de agua», advirtió Cristóbal Galbán, investigador del Centro de Genómica, Ecología y Medio Ambiente de la Universidad Mayor. Chile no cuenta con un sistema que mida de forma continua la presencia de residuos farmacéuticos en sus cuerpos de agua. El Observatorio de Ecofarmacovigilancia de la USACH apunta precisamente a cerrar ese vacío.

Las consecuencias tampoco son solo ambientales. Esta problemática constituye una amenaza directa para la salud pública al propiciar bacterias resistentes a antibióticos, según advierte Arnoldo Miranda, jefe de la carrera de Química y Farmacia de la Universidad Católica de la Santísima Concepción.

Un vacío normativo que persiste

Chile regula los residuos farmacéuticos que generan hospitales, clínicas y laboratorios. Los recintos hospitalarios y establecimientos que generan estos compuestos operan bajo prácticas reguladas, como los Decretos Supremos del Ministerio de Salud 148, sobre manejo de residuos peligrosos, y el 405, sobre productos psicotrópicos.

El problema de fondo abarca múltiples dimensiones. Los medicamentos desechados provienen de diversas fuentes: establecimientos de salud, farmacias, la industria farmacéutica, el sector veterinario y agrícola, y también los usuarios particulares. A eso se suma que una parte significativa de los principios activos se excreta de forma natural a través de la orina y las heces, y las plantas de tratamiento de aguas no están diseñadas para eliminarlos. La legislación chilena cataloga a los residuos peligrosos farmacéuticos como dañinos, pero solo regula el trato de desechos a los productores de estos residuos, quedando afuera todos los de uso particular, cuya eliminación termina en basurales y, por consiguiente, afectando tierras y aguas. El resultado es la ausencia de un sistema integral que capture y gestione de manera coordinada todos esos flujos. La regulación vigente cubre solo una parte del ciclo.

Las farmacias chilenas están reguladas principalmente por el Decreto N° 466/1984 del Ministerio de Salud, que establece las condiciones sanitarias para la distribución, preparación y expendio de productos farmacéuticos. Sin embargo, esa normativa no contempla obligaciones específicas en materia de gestión de residuos de medicamentos provenientes de los usuarios. En la práctica, las farmacias chilenas no tienen hoy un rol definido en la cadena de gestión posconsumo de medicamentos. Es precisamente ese vacío el que los modelos internacionales exitosos han llenado convirtiendo a las farmacias en puntos de recolección, bajo sistemas financiados por la industria y coordinados por el Estado.

La Ley de Responsabilidad Extendida del Productor (Ley REP N° 20.920), que ya obliga a productores de envases, neumáticos y aceites lubricantes a gestionar sus residuos, no incluye aún a los medicamentos entre sus productos prioritarios. En 2022, el titular de Medio Ambiente, Javier Naranjo, afirmó que «estamos desarrollando los estudios que nos permitan incluir a los medicamentos como un producto prioritario de la ley REP», señalando que «las farmacéuticas deberán hacerse cargo de los remedios que no fueron utilizados, y disponerlos de forma segura para que no generen contaminación en nuestro medio ambiente.» A la fecha, esa inclusión no se ha concretado.

Lo que el mundo ya hizo

Mientras Chile avanza en el debate normativo, otros países iberoamericanos llevan años con sistemas operativos. Destacan cuatro programas instalados con éxito: Colombia con Punto Azul, España con SIGRE, México con SINGREM y Portugal con VALORMED, todos basados en conceptos de responsabilidad social empresaria, economía circular y logística inversa.

El modelo español es el más consolidado. La industria farmacéutica financia el sistema mientras la distribución garantiza la logística inversa y las farmacias actúan como puntos de recogida y asesoramiento, bajo el enfoque One Health, que conecta la salud humana, animal y ambiental. Anualmente se tratan más de 4.500 toneladas de residuos procedentes de más de 22.000 puntos de recolección localizados en las farmacias de toda España. Hoy, tres de cada cuatro hogares españoles reciclan los medicamentos a través de ese sistema: la farmacia no como punto de venta solamente, sino como el lugar donde se cierra el ciclo de vida del medicamento de manera segura.

Fuentes: Invitación oficial al lanzamiento del Observatorio de Ecofarmacovigilancia USACH; Decreto Supremo N° 148/2003 MINSAL; Decreto Supremo N° 6/2009 MINSAL (REAS); Decreto N° 466/1984 MINSAL (Reglamento de Farmacias); Ley N° 20.920 (Ley REP); estudio Wilkinson et al. (2022), publicado en PNAS, con participación de universidades de Santiago, Mayor y Andrés Bello; declaraciones del Ministerio del Medio Ambiente (Radio Duna, febrero 2022); investigadores Cristóbal Galbán (U. Mayor) y Arnoldo Miranda (UCSC); Red Iberoamericana de programas posconsumo de medicamentos (Revista de Salud Ambiental, 2023); sistema SIGRE, España.

Lanzamiento Observatorio – 26 de junio, la Facultad de Química y Biología de la Universidad de Santiago de Chile (USACH)

Ministerio de Salud (MINSAL)

Ministerio del Medio Ambiente

Biblioteca del Congreso Nacional

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