El Instituto de Salud Pública de Chile (ISP) anunció la actualización obligatoria de los rótulos y folletos informativos de todos los medicamentos antimicrobianos comercializados en el país. La medida, que forma parte del Programa de Optimización de Antimicrobianos (PROA), busca frenar el avance de la resistencia bacteriana y garantizar que tanto profesionales de la salud como pacientes reciban información clara, precisa y accesible sobre el uso de estos medicamentos. Usar bien los antibióticos es proteger su eficacia para el futuro.

La industria farmacéutica tendrá un plazo máximo de dos años para implementar los nuevos requisitos, que no solo implican cambios en el diseño gráfico de envases, sino también en la redacción de advertencias, instrucciones y advertencias clínicas.

Un cambio que va más allá de la etiqueta

La Directora del ISP, Catterina Ferreccio, subrayó que este ajuste no es meramente estético ni burocrático:

Para combatir esta amenaza global, que impacta directamente en la salud pública, es fundamental que los rótulos y los folletos informativos sean mucho más completos y detallados, para contribuir a que todos comprendan plenamente las indicaciones, advertencias y consecuencias del uso inadecuado de estos medicamentos. Lo anterior contribuirá a evitar el avance de la resistencia y protegerá la eficacia de los antimicrobianos disponibles

Por su parte, el jefe del Departamento Agencia Nacional de Medicamentos (ANAMED), Jorge Canales, destacó el valor educativo de la medida:

Un antibiótico es un recurso valioso que debe usarse con precisión: para el tipo de infección correcto, en la dosis adecuada y por el tiempo indicado. Con esta acción avanzamos en la protección de la salud pública, asegurando que cada medicamento cumpla su objetivo de manera efectiva y sin riesgos innecesarios.

Claves de la nueva normativa

Los nuevos folletos deberán incluir advertencias explícitas, como que los antibióticos no sirven para tratar infecciones virales comunes —como la gripe o el resfriado— y que su uso inadecuado acelera el desarrollo de resistencias. También incorporarán indicaciones precisas para la preparación y manipulación de medicamentos que requieran reconstitución o dilución, incluyendo el tipo de solvente compatible, tiempo de estabilidad y temperatura de almacenamiento.

En los envases, se sumarán leyendas como “Desechar una vez abierto y usado” para presentaciones listas para administración, y mensajes claros sobre la estabilidad del producto una vez preparado.

Asimismo, se exigirá que los prescriptores trabajen en conjunto con los equipos PROA de sus establecimientos para evaluar la pertinencia de la terapia, considerando la indicación, dosis, duración y alternativas disponibles.

La resistencia antimicrobiana: una amenaza silenciosa

La Organización Mundial de la Salud (OMS) clasifica la resistencia antimicrobiana entre las diez principales amenazas sanitarias del planeta. El fenómeno ocurre cuando bacterias, virus, hongos o parásitos desarrollan mecanismos que les permiten sobrevivir a los medicamentos diseñados para eliminarlos, lo que convierte infecciones tratables en potencialmente mortales.

Según un estudio publicado en The Lancet en 2019, si no se toman medidas efectivas, para el año 2050 las muertes anuales asociadas a la resistencia antimicrobiana podrían alcanzar los 10 millones de personas a nivel global, superando incluso a las causadas por el cáncer.

En Chile, la resistencia bacteriana ya ha mostrado un aumento sostenido en infecciones hospitalarias y comunitarias. Entre las causas destacan la automedicación, el uso excesivo de antibióticos para enfermedades virales y la interrupción prematura de tratamientos.

Chile en sintonía con el esfuerzo internacional

Con esta normativa, Chile se alinea con las recomendaciones de la OMS y fortalece la red de programas PROA que operan en hospitales y centros de salud del país. Estas iniciativas buscan optimizar la prescripción y el uso de antimicrobianos, educar a pacientes y personal sanitario, y monitorear patrones de resistencia para una respuesta rápida y coordinada.

Más allá del cambio en el papel y la tinta, el desafío real será lograr que cada advertencia sea leída, entendida y respetada por quienes prescriben, dispensan y consumen estos medicamentos. En palabras de Ferreccio, “cada acción que tomemos hoy es una inversión para que los antibióticos sigan funcionando mañana”.

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